miércoles, 12 de agosto de 2009

154.- CARRERAS DE MOTOS CLASICAS EN LA BAÑEZA

La finalidad de este viaje ha sido ir a las carreras de clásicas de La Bañeza, de las que este año se celebraba su quincuagésima edición.

Como han sido varios días, y para no hacerme un lío, voy a dividir el relato en varios episodios:
A) EL VIAJE DE IDA: Salimos el viernes, día 7 de agosto, a las siete y media de la mañana para no pasar mucho calor, ya que calculaba que llegaríamos a La Bañeza allá sobre las dos de la tarde. Como por allí arriba la temperatura no suele ser excesivamente alta decidimos llevarnos la ropa de cuero en vez de la ropa de verano, agujereada y mucho mas fresca; y no nos equivocamos, porque pasamos frío en la ida hasta cerca del mediodía. Hombre, frío, frío, no; pero vamos, que se echaba de menos un poco más de ropa y se agachaba un poco la cabeza para esconderse mejor detrás del carenado de la RS. El viaje transcurrió sin más incidencia que el consumo muy elevado de gasolina de la moto ¡nueve litros a los 100! No me explicaba la causa, porque el hecho de ir a velocidades "normales" y con la moto bastante cargada no era para tanto. De todas formas, la temperatura fresca hizo que el viaje no se hiciera largo. No hubo ninguna otra incidencia destacable de forma que a las dos de la tarde, poco más o menos, estábamos en La Bañeza. Esta moto es extraordinariamente agradable para viajar. Permite llevar equipaje de manera cómoda y mantiene unas velocidades de crucero más que aceptables para ir a cualquier sitio. Su magnífica aerodinámica y una buena colocación de todo hacen que el confort en viajes largos sea muy alto. Nos paramos en una cervecería y descansamos un rato, saboreando un par de cervezas gallegas en una de las calles céntricas de La Bañeza.

No se apreciaba excesivo ambiente motero, y solo se veía pasar alguna moto, de vez en cuando, cargada de equipaje, buscando su lugar de alojamiento, cosa que deberíamos haber hecho nosotros, pero como el nuestro estaba un poco más allá, en Astorga, porque era imposible encontrar alojamiento en La Bañeza desde hacía meses, preferimos comer algo y visitar el pueblo para localizar después mas fácilmente los lugares interesantes (el circuito, la feria del motor, etc). De todas formas no es difícil encontrarlo todo, porque aquello es bastante pequeño. Unos doce mil habitantes en condiciones normales, aunque llegan a triplicarse en carnavales y en las fechas de las carreras de motos.

Como puede apreciarse en las fotos, el pueblo es de lo más tranquilo. Nada que ver con la que se organiza los dos días siguientes. Por las aceras podía verse aparcada alguna moto, incluso alguna que llamaba un poco la atención por su aspecto caferacer, pero sobre todo había huecos para aparcar.

Después de comer y de pasear un rato por el pueblo nos fuimos a Astorga a soltar el equipaje. Habíamos reservado habitación el el Hotel Temple Pradorrey, un hotel de aspecto medieval situado a las afueras de Astorga

donde no eramos los únicos moteros que estábamos; es más, en la puerta de nuestra habitación aparcaban otras tres motos, y enfrente cuatro o cinco más (las habitaciones estaban agrupadas de diez en diez, en edificios separados, a modo de pequeños apartamentos pero solo para alojamiento, sin cocina).

Deshicimos el equipaje y nos fuimos a cenar a Astorga, donde comprobamos que la gente (los paisanos los llaman ellos) son extraordinariamente amables. No es que en La Bañeza no lo fuesen, que también lo eran, pero estos paisanos de Astorga tenían un poco más que los colocaba en la excelencia en el trato. Probamos la cecina, que solo la conocíamos de oídas, y nos volvimos pronto al hotel, que los casi setecientos kilómetros que nos habíamos hecho, y a pesar de lo cómoda que es la R100RS, pesaban un poco.
B) LA MAÑANA EN ASTORGA: Lo poco que habíamos visto de Astorga el día anterior nos había gustado mucho, así que decidimos conocerla un poco más a fondo. Nos levantamos temprano, a eso de las ocho, y a las nueve desayunábamos en una cafetería cercana al centro de Astorga. Estábamos tan tranquilos tomando un café y unas mantecadas (por supuesto, de Alonso, y el que conozca Astorga sabe porqué lo digo) cuando empezó a escucharse ruido de cadenas. Un paisano que estaba a nuestro lado en la barra del bar, de 30 años de edad, según nos dijo repetidas veces durante la conversación, con la excusa de que si íbamos a ir a La Bañeza a las motos, empezó a soltarnos su rollo, del que solo voy a extraer unas pocas cosas para general idea de la fantasmada del paisano (de ahí el ruido de cadenas): "Es que yo tengo 30 años y no puedo ir despacio, me lo pide la sangre". "Tengo una CBR 600RR y voy siempre a más de 300". Le pregunto si no lo ha pillado nunca la Guardia Civil y no, él es profesional de la carretera y sabe donde están los radares, ademas el año pasado "fui a Jerez sin matrícula, ya sabes para que no me pillen los radares, y me pararon. Cayóse la matrícula, les dije. Multáronme, pagué en el acto y seguí". Yo aquí ya no sabía si reírme, si seguir escuchándolo o si mandarlo a tpc. Pudo más la educación y todavía tuve que aguantar que quemó una CBR 1000RR en un circuito. ¡Increíble el paisano! Le pregunté que a qué hora pensaba ir a La Bañeza para irme yo a otra hora, no fuera que me arrancase las maletas con el viento al adelantarme, y ahí quedó la cosa. ¡Paisano, que grande eres!
Del desayuno, que nos lo amargó el paisano, nos fuimos a la parte intramuros de Astorga, donde son dignas de ver y visitar, ademas de las murallas, la Catedral

el Palacio Episcopal (que nunca llegó a serlo), de Gaudí (al menos en sus dos terceras partes), que alberga el Museo de los Caminos, con importantes pinturas y tallas románicas, relacionadas con el Camino de Santiago, principalmente, pero del que es digna de admirar sobre todo la arquitectura.

En la plaza de la Catedral, y por toda Astorga, ya se respiraba bastante ambiente motero pero mezclado con el de los peregrinos del camino de Santiago, de forma que lo mismo te encontrabas una pareja con un mono Dainese, que otra con el bastón y la mochila. Allí mismo nos encontramos a un paisano (se me va a quedar lo de paisano) que estaba en el mismo hotel que nosotros, y con el que había estado charlando la tarde anterior, con una BMW con sidecar que tenía mezcla de varias, pues por un lado podía ser una R50, pero el motor era moderno, y sin embargo la caja de cambios era antigua... ¡curiosa!

a su lado había otra BMW blanca, preciosa, que podía ser una R69 modificada, pero que no acabo de identificar.

De allí nos fuimos a la plaza del pueblo, lugar animadísimo durante todo el día.

Cuando llegamos se estaba celebrando una boda y los alguaciles del Ayuntamiento vestían de esta guisa.

También es digno de admirar el reloj del Ayuntamiento, con una pareja de maragatos que golpean alternativamente la campana para dar las horas. Como era la una de la tarde cuando grabé esto, solo dieron una campanada, a pesar de que a mi me hubiera gustado que dieran el repertorio completo, pero para hacerse una idea de cómo es, creo que vale.

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Para acabar la visita turística fuimos a la Iglesia de San Bartolomé

y de allí nos fuimos a comer a La Bañeza, ya que por la tarde eran los entrenamientos y eso ya valía la pena verlo, además a eso habíamos venido.
C) LOS ENTRENAMIENTOS: Después de unas cervezas y unas tapas en la terraza de un bar junto al que estaban montando el circuito

nos fuimos a la Feria del Motor, donde había un pequeño mercadillo (mira por donde, encontré las pegatinas laterales de la OSSA) una colección de motos clásicas entre las que destacaba sobre todo una Douglas bicilíndrica preciosa,

pero había muchas otras

A la salida de la Feria del Motor, un par de calles más allá, estaba el circuito, que es totalmente urbano, de modo que uno se encuentra andando por él para ir a cualquier sitio.

Y a cualquier sitio no íbamos, sino que nos dirigíamos nada más y nada menos que a los boxes, que, al contrario de lo que ocurre en un circuito normal, no están cerrados, ni son de acceso limitado a quien lleva la tarjeta de boxes. Aquí están abiertos; es más, están en la propia calle, y puedes pasear, hablar con los corredores, con los mecánicos, fotografiar los últimos avances mecánicos, etc. Al principio de la calle estaban haciendo la verificación de las motos, y allí esperaban los pilotos su turno, por ejemplo este de la Norton Manx de Alfonso Serrano.

En los boxes había de todo. Tiré fotos por todas partes, y solo pongo aquí algunas para formar una idea de cómo es aquello.

Mientras tanto, iba pasando el tiempo y cada uno estaba en su tarea. Se iban repartiendo los comisarios de pista y los sanitarios a lo largo de todo el circuito, y la megafonía anunciaba que quedaba poco para empezar el espectáculo.

Estas carreras de La Bañeza son únicas en el mundo. Bueno, en realidad existe otra carrera parecida: el TT de la Isla de Man. Ambas son las únicas que se celebran en circuito urbano, pero en la Isla de Man las motos son actuales y aquí son clásicas, así que sigue siendo única esta carrera.
El circuito tiene muchas curvas y desniveles importantes, y aunque es corto debe ser muy divertido para hacerlo.
Por la megafonía se avisa insistentemente que se cierra el circuito y un coche con altavoces pasa a toda velocidad gritando que el circuito esta cerrado y que comienzan los entrenamientos. Todo el mundo se abstiene de cruzar las calles, excepto un paisano que cruza temerariamente con su hijo, quien, con mejor sentido común que su padre, le advertía de que el circuito estaba cerrado.

El guardia civil de la zona lo para y le recrimina su acción. Toma nota de algo, supongo que del nombre, y le deja seguir. Imagino que lo denunciará.
El público en general se porta bastante bien y es respetuoso con el aviso del cierre del circuito y con no colocarse en los lugares prohibidos, por peligrosos, aunque siempre hay excepciones, y si no que le digan a esta paisana que no se puede sentar en la puerta de su casa, por más que el cartel lo prohíba...

El ruido de las motos al pasar es tremendo, ya el estridente de los motores de dos tiempos de las categorías de 125 GP y de clásicas 2T, ya el bronco de las motos de cuatro tiempos, y así los mas pequeños se protegen los oídos como pueden. No es mala idea ponerse los tapones, no.

Primero fueron los entrenamientos de las motos clásicas de dos tiempos y tras ellos los de cuatro. Los clasificatorios de 125GP se suspendieron no sé exactamente porqué, y se pasaron a primera hora del día siguiente.

Cuando acabaron nos fuimos un poco más abajo del circuito a ver otro tramo con las motos de cuatro tiempos. Una parada en el camino para refrescar la garganta mientras empezaban,

y, al poco, se cierra nuevamente el circuito y se empiezan a oír los rugidos de los cuatro tiempos. Como estás tan cerca de las motos, te vibran todos los órganos huecos y sientes como el suelo se estremece cuando pasan las Ducati (muchas) la BMW (una) y particularmente cuando pasan las Norton, especialmente ruidosas.

Unas amables espectadoras me fotografían desde la otra acera mientras yo las fotografío a ellas. A ver si quedamos luego y nos las intercambiamos.

Acaban los entrenamientos y vuelve a abrirse el circuito. Una marea de personas se mueve de un lado a otro. No parecía que hubiese tanta gente. estamos en feria y la gente se va hacia el centro.

Nosotros también, pero con la intención de volvernos a Astorga. Por el camino vemos que el ambiente motero ha crecido enormemente; nos encontramos multitud de motos aparcadas por todas partes

y entre ellas algunas que me han gustado especialmente en el pasado, como la Bandit 400

o la Montesa Impala, por cierto, matrícula de Sevilla,

junto a engendros de última generación como este triciclo.

En el hotel, una ducha para refrescarnos y cuando ya estaba fresquito una pequeña pelea con el freno delantero de la moto, que se empeñaba en quedarse cogido y que me hizo temer por la vuelta, pero que pude solucionar desmontando las pinzas, cambiando la posición de las pastillas y volviendo a montar. En un principio hasta pensé que pudieran ser los cojinetes, que últimamente están dando mucho ruido; pero no, estaban bien engrasados. Hasta ahora no ha vuelto a hacer ni a dar ruido.
Nos fuimos al centro de Astorga a cenar, pero antes, durante el aperitivo, unas paisanas nos entretuvieron con una despedida de solteras en todo el centro de la plaza. ¡Pobre novia!

La cena en la pizzeria de la esquina, a la luz de la fachada del Ayuntamiento.

D) LAS CARRERAS: Domingo por la mañana. Salimos temprano de Astorga, desayunamos por el camino y a las 9,30 estamos de nuevo en la Bañeza, que el warmup está anunciado a las 10,15. El pueblo está empezando a recuperarse de la noche de fiesta. No quedan apenas motos en la calle, y casi te sabe mal aparcarla sola, así que busco un grupo de motos al inicio de la calle peatonal y allí la dejo, junto a una Goldwing y una Electra Glide. Se ve muy pequeñita al lado de semejantes mastodontes. De camino al circuito nos encontramos esta preciosidad de Guzzi.

Llegamos al circuito y al poco comienzan los entrenamientos oficiales de 125 que se habían suspendido el día anterior.
Los paisanos se sacan sus sillas a la puerta de la calle a ver las carreras aprovechando que aún hay poca gente.

Acabados los entrenamientos nos cambiamos de sitio para ver el warmup y las carreras, y encontramos un sitio bastante apañado, si no fuera porque hubo quien, mostrando un alto grado de espabilamiento y poco respeto tanto para la organización como para los que estábamos allí desde primera hora de la mañana, se metió delante invadiendo las zonas prohibidas por la organización y de paso dándome a mi la lata para hacer las fotos. No obstante, desde allí vimos la carrera bastante bien. Era sobrecogedor el ruido, que llegaba a ser molesto e incluso doloroso, ya que estábamos en un sitio en que salían acelerando y pasaban a centímetros de nuestros pies, pero eso se solucionó poniéndonos los tapones en los oídos. Lo que no se quitaba era el estremecimiento del suelo. ¡Impresionante!

Pude tomar un par de vídeos de la carrera de cuatro tiempos en los que se puede hacer uno una idea de cómo es aquello.

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Desde luego, la idea para el año próximo es volver, así que a principios de año estoy reservando hotel en La Bañeza.
E) EL REGRESO: Aunque los retornos suelen ser a toda prisa y pegándose la gran paliza para llegar de día, esta vez lo habíamos planeado mejor: íbamos a pasar un día en Salamanca y después íbamos a bajar tranquilamente parando en el Museo de la Moto Clásica de Hervás. Cuando acabaron las carreras nos fuimos a la entrada del pueblo, donde habíamos dejado la moto prácticamente sola, pero ahora estaba acompañadísima, de forma que hasta costó trabajo sacarla hasta la carretera, de la cantidad de gente y de motos que por allí había.ç
El camino hasta Salamanca bastante agradable, con muy poco tráfico y muy buena temperatura, y como, además, estábamos bastante cerca, pues se convirtió en un paseo primaveral en moto. A eso de las cinco y media de la tarde estábamos en el hotel que habíamos reservado, el Recoletos Coco, muy buen hotel, moderno, con muy buen precio y buenos servicios, entre ellos piscina, el almuerzo o la cena por 10 euros, garaje, etc. Muy a tener en cuenta para otras ocasiones. El único inconveniente es que está un poco a las afueras, pero eso, con la moto no es ningún inconveniente y de hecho, en cinco minutos de reloj estábamos en la Plaza Mayor. Invertimos la tarde en dar un paseo por la ciudad que estaba a tope de gente. Se ve que la costumbre de salir a pasear los domingos por la tarde no se ha perdido por aquí.
El día siguiente lo empleamos en visitar la ciudad y todos sus monumentos.



Un día bastante paseado que ocasionó alguna que otra rozadura que precisó de intervención quirúrgica menor para solucionarla (tiritas).

A la mañana siguiente partimos hacia Andalucía, pero antes teníamos prevista hacer una parada en Hervás, a ver el Museo de la Moto Clásica de Juan Gil Moreno. Ya lo habíamos visitado el año 2001, pero es un museo que vale la pena visitar a quien le gusten las motos clásicas. Cuando llegamos, a eso de las diez y media de la mañana, nos comentaron que habían añadido nuevas salas, no solo de motos, sino también de coches clásicos, e incluso de carruajes. Pagamos la entrada (10 euros por persona) y empezamos el recorrido, no sin antes hablar con Juan y con Ángel, un empleado del museo, que nos explicaron las dificultades por las que pasan a consecuencia del nulo apoyo de las autoridades extremeñas e incluso del rechazo de las autoridades y los vecinos de Hervás, que no alcanzan a ver que tener un museo de esta categoría no solo es un beneficio cultural para el pueblo, sino una inyección económica para el propio museo y para todo el pueblo. ¡No saben esta gente lo que come una pandilla de moteros venidos desde el quinto pino...!
Como la entrada se me está haciendo demasiado larga, voy a poner unas cuantas fotos para hacerse una idea de cómo es aquello. Para empezar, la arquitectura del lugar, con ausencia de lineas rectas, es toda de Juan. Él lo ha imaginado y él lo ha hecho. La vista desde el mirador, desde el que se ven el pueblo y el valle, nos permite hacernos una idea de cómo es el museo.

En el apartado de motos hay una gran cantidad de modelos, destacando especialmente el gran numero de motos con sidecar que tiene, y de todas las marcas. Valgan como ejemplos esta preciosa bicicleta GAC con motor y sidecar de mimbre

o estas otras, ya motos hechas y derechas (Guzzi, NSU, BSA, BMW...)

Había también una sección dedicada a los motocarros, algunos con soluciones muy ingeniosas.

En motos tiene una buena colección de motos inglesas, francesas, alemanas y españolas, fundamentalmente, aunque también hay alguna japo por allí perdida. Me gustaron especialmente estas dos Scott refrigeradas por agua, pero una de ellas, la mas antigua, aún con iluminación por carburo.

Eso para que nos demos cuenta de que en las motos está casi todo inventado; solo se modifican y perfeccionan ideas antiguas, y, a modo de ejemplo, véase la suspensión delantera de esta Honda Runer: por paralelogramos deformables.

Entre las motos "normales" algunas muy poco vistas, como estas Sanglas


o esta Bultaco Saturno.

Otras motos expuestas, como ejemplos mas representativos, y dejándome muchísimas en el disco duro, podrían ser estas:

En el apartado de coches, un par de fotos panorámicas para hacerse una idea.

Y en el apartado de "otras cosas", esta ambulancia

y estos dos coches fúnebres

En resumen, una visita harto interesante y que recomiendo a todo el mundo. Además, se puede comer en el propio museo, a la salida, a precios muy interesantes y con muy buena calidad de las viandas. Por cierto, Juan: esto es publicidad; ya sabes que la cobro... la próxima vez me invitas.
Hasta llegar a casa, nada destacable: la moto es muy cómoda, pero a ciertas velocidades se dispara el consumo. El viaje sin calor, con una temperatura primaveral, e incluso fresca al principio, como decía al inicio, pero como no existe la perfección, al final se fastidió: los últimos cuarenta kilómetros a 38-39 ºC, según marcaba el termómetro del cockpit, lo que hizo que llegasemos reventados, pero no de cansancio, sino de calor.
¡Y menudo ladrillazo me ha salido...!

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