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domingo, 16 de mayo de 2010

199.- 800 KM SIN CARENADO EN LA R65

No tenía yo muy claro que esta moto, la R65, fuese apropiada para viajar. En primer lugar, por motor ya que es una cilindrada pequeña que te obliga a llevarla un poco alta de vueltas si quieres hacer ritmos medianamente aceptables en trayectos largos. En segundo lugar porque no tiene maletas, ni falta que le hacen, que con una bolsa de depósito y una mochila se llega a todas partes; eso sí, sin acompañante. Y en tercer lugar porque con las pequeñas modificaciones que le he hecho (fundamentalmente estriberas retrasadas y manillar clubman invertido) la postura es un poco mas deportiva, y eso, a ciertas edades, se nota un poco, aunque, particularmente, prefiero cargar los brazos, que gracias a Dios los tengo fuertes, que la espalda.
De todas formas, había decidido que ésta iba a ser la que me llevaría al último relevo de la válvula, aunque las carreteras no eran las idóneas para ella, que prefiere las carreteras reviradas donde se mueve como pez en el agua a pesar de su pequeño motor y gracias a su gran manejabilidad, así que quedé a las 8 de la mañana con Spinner a la salida de Sevilla para irnos juntos, él con su R65 último modelo (de verdad, de las últimas que se hicieron) y yo con la mia. Tras un par de peripecias equivocándonos de camino, salimos por fin a la carretera nacional. Habíamos calculado que íbamos a pillar a los participantes del relevo entre Linares y Hornos, basándonos en que 250 km nos los chupábamos, en una estimación pésima, en dos horas y media, y ellos habían previsto salir de Linares hacia Hornos a las 10 de la mañana, de forma que deberíamos estar en Linares sobre las 10,30 en el peor de los casos, esto es, dándoles como mucho, media hora de ventaja. Si tenemos en cuenta que un grupo es tan rápido como el mas lento de sus miembros, no nos iba a ser difícil enjugarles media hora en 100 km, que es lo que había desde Linares hasta Hornos, así que deberíamos pillarlos sin muchos problemas.
Los kilómetros iban pasando sin mas novedad que el frío que hacía, que unido a mi imprevisión, al no haber cogido ropa de abrigo confiado en el aspecto despejado del cielo, me estaban ocasionando un importante dolor de espalda del tembleque que llevaba, a pesar del esfuerzo que hacía por controlarlo e intentar relajar la musculatura lumbar.
Los kilómetros iban pasando, la espalda seguía temblando y el cielo, cada vez mas plomizo, amenazaba con enfriar aún mas el ambiente e incluso mojarnos. Llegamos al desvío del Pantano de El Tranco y aún no habíamos pillado a los demás. La carretera, una vez abandonada la general de Albacete, se empezó a volver sinuosa, estrecha y con el piso húmedo. Pasamos las curvas, una tras otra, hasta llegar a la presa del pantano, que estaba lleno hasta arriba, y sin rastro alguno de los demás. Bordeamos el pantano por su flanco oeste y, finalmente, llegamos a Hornos de Segura, un pequeño pueblo donde suponíamos que deberían estar los otros, dado que no los habíamos adelantado. Recorrimos el pueblo casi entero y no los encontramos, de forma que nos fuimos a la entrada, a un bar restaurante que se llama El Cruce, a calentarnos y llamarlos por teléfono a ver si había habido cambio de planes, o si estaban en otro lado. Llamé a todos los que tenía en la memoria del teléfono (Joeseph ha desaparecido de la agenda en el último cambio de teléfono) y ninguno contestaba, luego estaban todos conduciendo. Al rato escuchamos sonidos de moto (en realidad solo sonaba Berta, la R100RS de Bmwero), salimos y allí estaban todos; un montón de caras conocidas y alguna nueva.

Tras los saludos, a ver las motos. Una preciosa R45, con lo que se demuestra una vez más que el que no se mueve con estas motos es porque no quiere, porque ellas sí que pueden.

Más allá dos ilustres veteranas, una /6 y una /7, aunque ésta última con menos kilómetros que muchas modernas,

la de Chicho Boxero, a quien quizás le copie el diseño de la pintura para mi R100RS con algunas modificaciones,

y la 50/2 de MrTwinflat,

que intentaba, sin éxito, al igual que yo el miércoles pasado, poner a punto de carburación la moto de Motoroto.

Y es que hay que limpiar los carburadores de vez en cuando.
Una vez saludado todo el mundo, al interior, a comer, que en el fondo es lo que nos gusta (voy por 82 kg; esto no puede ser). Digamos que la comida no fue lo mejor del día, pero afortunadamente, con las cervezas que habíamos tomado antes Spinner y yo esperando a los demás, y dado que en esta zona la ponen con tapa, ya estábamos medio comidos.

Tras los postres se rifaron unas cuantas camisetas de Max Boxer, que, curiosamente, salvo un par de ellas, tocaron todas en la misma mesa:

Una vez en la calle instalé en la moto una camarita que he comprado en ebay por cuatro duros,

y que el otro día funcionó bastante bien, con la finalidad de ir recogiendo un vídeo de todos los participantes, pero mi gozo en un pozo, la camarita, que el otro dia tenía una autonomía de una hora aproximadamente, se apagaba continuamente y no llegaba a tomar imágenes.
Del restaurante nos llevaron a dar un paseito de no sé cuantos kilómetros (lo menos 50) por la sierra. Carreteras preciosas y todo divertido, pues en mi inocencia, que pensaba que la cámara iba grabando, me dediqué a pasar a todo el mundo y a dejar que me pasaran para ir recogiendo todo lo que pasaba por detrás, con lo que el paseo se me hizo bastante animado. De aquellas zonas tengo algunas fotos que he recogido de las que hicieron los demás.

Después de un montonazo de kilómetros de curvas salimos a la carretera general, donde nos dimos un pequeño desahogo Varito, Bmwero y yo, y tengo que decir orgullosamente que la R65 se defendió bastante bien. Como consecuencia del estirón perdí de vista a Spinner, así que paramos frente a una gasolinera a esperarlo y ya, desde allí nos fuimos los dos juntos para Sevilla. Llegamos a Córdoba de noche, y aunque la tarde no me había molestado por el frío, en cuanto el sol empezó a caerse volvió a aparecer la tiritera lumbar y el dolor, así que paramos en una gasolinera y me compré un polar de Repsol para quitarme el frío. Con eso medio pudimos llegar sin mucha molestia hasta Sevilla, donde llegamos a eso de las 11 de la noche.



Conclusiones:
  • Hay que ir vestido adecuadamente para ir en moto. Tan desagradable es pasar frio como calor.
  • La R65 es un pedazo de moto y no es incómoda para viajes largos. Me gusta mi motillo.

La semana que viene más, entre otras cosas limpieza de motos y preparos de pintura, a ver si consigo dejar bien el traje rojo de la R65.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

163.- RIDERS-09 EN GRANADA

Tres días después de que acabase esta reunión me pongo a contarla. Ya me hubiera gustado hacerlo antes, pero es que el jaleo de la válvula persiste hasta mucho después de haberla soltado, ya que hay que hacer una crónica, mandarla, que las fotos queden bien... un poco rollo, la verdad, sobre todo cuando ya lo había contado aquí, pero así son las cosas... si uno se compromete hay que hacerlo. Para la próxima me lo pensaré antes de comprometerme a nada.
Bueno, vamos a dejarnos de preámbulos y de historias y vamos a lo que vamos: la Riders, que este año volvía a celebrarse en Granada, con lo que los que hemos estado en alguna ocasión anterior ya nos sabíamos que es lo que nos íbamos a encontrar, y a pesar de que ya dije el año pasado que no iba a volver, al final nos hemos animado y nos hemos acercado.
El viaje hasta Granada lo empezamos junto con Miguel, que iba acompañado por Elisa y que, en contra de su costumbre, iba pisando huevos, de modo que lo adelanté, lo que aprovechó para esconderse en una gasolinera en Estepa, de forma que ya no nos vimos hasta que llegamos a Sierra Nevada.
Lo primero que hicimos fue ir al hotel a dejar el equipaje, y después, tras perdernos un poco porque Granada está totalmente indecente de obras, subimos a Sierra Nevada. Ya habíamos hablado antes por teléfono con Silverio, que nos había indicado dónde tenían aparcadas las motos, de forma que no hubo excesiva complicación para encontrarnos, y al poco de subir a la estación de esquí, ya estábamos todos juntos: MrTwinflat, Silverio y Alfonso, y esperando a los dos Jose Ignacio y a Jose María, que habían salido de Málaga un poco más tarde.
Lo primero que hicimos fue ir a saludar a Varito al box de Maxboxer. También andaba por allí BinGS, que por lo visto estuvo todo el fin de semana bastante atareado para aprenderse los dejes idiomáticos andaluces.

En el Box de Maxboxer, estuvimos admirando las motos de Varito y la de BinGS:

En el stand de enfrente estaba la R80ST de Luisuco, a la que le hicimos también un par de fotos, y en la que estuvimos estudiando el disco sobredimensionado de la rueda delantera y su impacto sobre la población autóctona de políticos sinvergüenzas.

Después de saludar nos fuimos a la inscripción, recogimos la mochilita y nos fuimos, huyendo del tío del micrófono, a lo más alto de la estación de esquí a tomar una cerveza.

Allí fueron llegando los demás componentes de la avanzadilla de clásicas, y nos reunimos: Silverio

MrTwinflat

los gemelos (algún día los distinguiré)

Maricruz

Joeseph

Jose Ignacio (Conde) y su hijo, Nacho, el fotógrafo perseguidor, Jose (hijo de Joeseph y Tote -Mª José- que en esa familia tienen una gran imaginación para los nombres) que aparece detrás con cara de dieciseisañero despistado,

Jose Ignacio (Vecino Misterioso)

Estefanía,

Eugenia,

Alfonso

y, finalmente Elisa y Miguel, que ya habían llegado tras perderse en Estepa.

Se nos planteó la duda de si comernos la paella que estaban preparando junto al tio del micrófono (mala afonía le dé, que diría el gitano de la copla...)

o, como hicimos el año pasado, subir al albergue, antigua y original estación de esquí. Lógicamente se impuso el paseo en moto, y es que estos chiquillos parece que no se cansan de montar. Y allá que nos fuimos hasta la Hoya de la Mora, a 2500 metros de altitud. Ni que decir tiene que estas motos llaman la atención por donde pasan, sobre todo si van seis o siete todas seguiditas... y a nosotros que no nos gusta presumir de motos...
Total, que llegamos allá arribota, que son dos kilómetros y medio por encima del nivel del mar, ordenamos las motos para favorecer a los visitantes la correspondiente caída de baba, y lo digo en serio, que no fueron uno ni dos, sino unos cuantos, y de varias nacionalidades, los que por allí se asomaron y dejaron sus correspondientes charquitos de baba delante de las abuelas.

Allí arriba, para comer existen varias opciones, todas basadas en bocadillos, pero no están nada malos, y a un buen precio.

De todas formas, hubo quien se llevó el bocadillo desde casa, y tenía tan buena pinta que confundía a los visitantes, que veían a Estefanía comerse aquel pedazo de bocadillo, entraban al albergue, pedían uno y al ver que no era lo mismo, hasta pedían el libro de reclamaciones sintiéndose engañados. Y es que el bocata de Estefanía tenía una pinta...
Tras un rato de mesa y sobremesa

Joeseph decidió que había llegado el momento de realizar el relevo de la válvula, y que aquel era un sitio estupendo para ello, pero cuando fue a buscar la caja se dio cuenta de que las llaves de su moto habían desaparecido, y es que eso de dejárselas puestas...

Finalmente aparecieron en su sitio ¡qué cosas! y empezó la ceremonia de la entrega de la válvula: montarnos en las motos e irnos un poco más adelante, justo donde está el cartel indicador de los 2500 metros. Allí aparcamos las motos en fila en el arcén, con evidente riesgo, como nos demostró la de Alfonso, de irse al suelo por dejarla apoyada en la pata lateral sin tener la precaución de dejar metida una marcha.

Lo del gorrito en la entrega parece que se ha institucionalizado.

Aquí, Silverio recibe la válvula de manos de Joeseph.

y ambos se abrazan eufóricos. Obsérvese el pasotismo del personal, que ni siquiera se ha dignado a personarse en la ceremonia... todos allí enfrente haciendo sabe Dios qué.

Las mujeres también se fotografían con la válvula

Acabada la entrega, nos volvimos a la estación de esquí, que había sido invadida por las nubes y estaba empezando a refrescar.

nos metimos en el aparcamiento

y dedicamos el resto de la tarde a las actividades propias de la concentración, pero fundamentalmente, ver motos, como esta caferacer

o las maravillas que tenía Natxo Barral en su stand,

o probarnos alguna de las modernas, como esta K1300GT, que tiene muy buena pinta, incluso podría ser mi moto moderna si se pusiera a tiro.

Finalmente nos renunimos en el stand de Maxboxer para cumplimentar el diario de relevos de la válvula.

Ya empezaba a hacer rasca, así que nos bajamos a Granada siguiendo a Silverio, que iba rascando culatines en las curvas, y que nos acompañó hasta el hotel, donde nos despedimos. Noche en Granada y al día siguiente nos volvimos para Sevilla a paso tranquilo. El año que viene la Riders es en Cuenca. Digo yo que habrá que ir a buscar una mochilita ¿no?