miércoles, 25 de abril de 2012

294.- EMPIEZO CON LA GS

Voy a intentar vencer la pereza que me intenta atenazar para seguir con el diario. Menos mal que es el de las motos, y eso me obliga un poco, porque si llega a ser el mio se habría acabado en la primera página.
Como el título de la entrada dice, ya me he liado con la R100GS. Ya sabéis los asiduos del blog que el sábado pasado tuve mi aventurilla con ella, que me dejó tirado a mitad de camino, etc. Para que os hagáis una idea de la que me cayó de agua, que después hay quien dice que soy un exagerado, cuando llegué a la guarida este sábado, la moto todavía estaba mojada ¿que no? fijaos en la goma.


Mi idea, con esta moto, es hacer lo que no he hecho con las otras, es decir, desmontarla por completo, ir corrigiendo las cosas que vaya viendo que están mal y empezar el montaje desde cero: pintura del chasis y añadir después todo lo demás. A ver si soy capaz de hacerlo antes de que me invada la prisa por acabar.
Para empezar, creo que lo voy haciendo bien. Empecé quitando el silenciador el otro día, que ya es algo. Esta sábado continué quitando las defensas y la pata de cabra.



que no tienen excesiva buena pinta; parece como si esta moto hubiese estado en ambientes muy húmedos, y no me refiero a ambientes salinos, que esa es otra corrosión todavía peor, sino a humedad simple, sin sal, pero continua.
Me puse a quitar la pintura de las defensas, y en ello estaba cuando apareció por la Guarida el Vecino Misterioso con su flamante R100RT blanca. Tras las salutaciones me aproveché de que me preguntó que si podía ayudarme en algo y lo puse a lijar pintura con el "guarrito".


Traía un polo amarillo la mar de bonito y de limpio; lo mas propio para estas tareas... Mercedes, que él insistió ¿eh? que yo no quería dejarlo, pero se puso muy pesado... Me imagino que con tres o cuatro lavados casi se irán las manchas...
Mientras Jose Ignacio le daba al "guarrito" yo desmontaba el sistema de escape, exceptuando el silenciador, que ya lo desmonté y apañé el último día.






No tienen buena pinta ni los colectores ni la marmita, incluso hay algunos agujeros pequeños que intentaré tapar, pero me voy a ir haciendo a la idea de que a medio plazo tendré que poner unos colectores y una "Y" en vez de la marmita. Por lo menos las roscas de las culatas están buenas. Algo es algo. He probado a darle un producto que dice que protege contra el óxido. Ya veremos si es verdad o si tengo que empezar a pensar en el cambio de colectores antes de lo que tenía pensado.
Seguí desmontando la rueda trasera. Ni que decir tiene que las gomas están cristalizadas y los tornillos oxidados. Los forros de las zapatas todavía pueden durar un poco, así que los dejaremos. 


El neumático, como es natural, a la calle. No llevo gomas cristalizadas y cuarteadas en mis motos. Es lo único que me une al suelo y quiero que ese punto de unión sea bueno.




El retén interior del grupo cónico parece estar bueno. Todo está pringado de valvulina, pero no procede del grupo, sino del brazo del cardan.


La llanta estaba bastante sucia



y aunque le dí un buen repaso, todavía le queda un buen tratamiento para darle brillo. Lo que no estoy dispuesto es a quitar los radios y pulirlo todo, porque  eso obligaría a radiar y eso no sé si sabré hacerlo, así que prefiero no experimentar demasiado.
A estas alturas, Jose Ignacio ya había acabado de quitar la pintura de la defensa izquierda, así que le desmonté la derecha para que no anduviese aburrido.



Dimos un poco de mano para ir a tomar una cerveza al moto club, lo que aprovechamos para intercambiar motos: Jose Ignacio se llevó la RS y yo me llevé la RT. Debo reconocer que pese a mi rechazo inicial a las motos gordas, esa moto va muy bien, y es que, en el fondo, es una RS disfrazada de grandota. Me gusta poco la postura tan retrasada  de las manos, aunque reconozco que es cómoda, y sobre todo me desagrada mucho eso de llevar el parabrisas ese que encima te cae justo en la mitad del horizonte, haciéndote llevar la mirada ora por arriba, ora por abajo del filo. No me gusta nada. Pero lo que decía antes, que la moto va muy fina y es muy agradable de llevar. Incluso creo que vibra bastante menos que la mía, o lo mismo es una falsa percepción porque hace muy poco ruido.
Bien, ya de vuelta guardé las piezas que iban quedando hechas, o casi hechas, a falta de pintura, en un cajón y me fui a desmontar la parte trasera.


Nada mas quitar los tornillos de la cruceta, ya se adivinaba que la pérdida de aceite que manchaba todo el basculante provenía de la caja de cambios. aceite negro asqueroso pringándolo todo.



Lo que no me esperaba es que fuese de una rotura del labio de la tapa de la caja de cambios donde se sujeta el fuelle.


Me temo que va a ser difícil arreglar eso decentemente, o sea, sin que se salga aceite, pero lo intentaré. Si no sale, habrá que buscar una tapa de segunda mano. La solución, la próxima semana.
El cojinete de rodillos del lado izquierdo del basculante estaba bien; con grasa limpia y con la pista sin marcar.


No así el del lado derecho, que salió con la canastilla rota, los rodillos sueltos y la pista marcada. A la calle con él. Por cierto, para sacar la pista exterior lo mas fácil es calentar un poco por fuera y sale con muchísima facilidad, sin necesidad de andar golpeando. Para ponerlo, lo mismo: con calor.



El cardan, pues eso, un cardan. Estos son los que dan problemas porque no llevan engrasadores. Espero que no me los dé en mucho tiempo.



De la parte eléctrica, además de desconectar la parte trasera desconecté la toma de corriente y la caja de fusibles, que, por cierto tiene cuatro enchufes y solo tres fusibles ¿faltará alguno?



El interior del brazo oscilante lleno de porquería. Habrá que limpiarlo adecuadamente antes de volver a montarlo todo.


Y ahí se acabó el día de trabajo.



Jose Ignacio hacía un buen rato que se había marchado y el sol empezaba a estar lo suficientemente bajo como para que me preocupase volver con la visera que tengo puesta en el casco, más negra que el sobaco de un grillo; comodísima de día, pero un auténtico peligro en cuanto se va el sol.
Me he vuelto en la R80ST estrenando su radiador y su puesta a punto. Me gusta esa moto.

miércoles, 18 de abril de 2012

293.- CONTINUEMOS

Retomo el diario después de un par de semanas en que he tenido que pelearme con un cuadro infeccioso vírico que me ha dejado un poco para el arrastre, aunque con un par de sesiones mirleras creo que me recuperaré. ¡Estos bichos, ya no respetan ni a los médicos...!
Bueno, a lo que íbamos: la R80ST se había quedado seriamente perjudicada tras intentar pillar a Resnian con la 1200GS, y tocaba volver a recuperarla. Para ello le hice una revisión y puesta a punto general: empecé por un reglaje de válvulas y una limpieza de carburadores, que consistió simplemente en desmontar y soplar los distintos conductos. De eso, que ocurrió hace un par de semanas no tengo fotos porque se me olvidó llevarme la cámara. Cuando volví a Sevilla ese día empezó el cuadro clínico que me ha tenido una semana en la cama, pero no ha sido suficiente como para evitar que este sábado último volviese a ir a trabajar y, además, a llevar la nueva R100GS, que para quien no la conozca aparecerá un poco más abajo.
Cuando las cosas van mal, todavía pueden ir peor, y así pasó este sábado, pero antes de contarlo me iré al principio de la R100GS: la compré hará cosa de un mes por consejo de Curroalb, que había conocido el caso directamente del vendedor y me lo había comunicado por si era de mi interés. Aunque en principio no era mi intención comprar otra moto, sino todo lo contrario, deshacerme de alguna de ellas, lo que pasa es que les tengo mucho cariño, me dejé llevar y la compré sin ni siquiera verla. La pagué, quedé con Mototrans para que me la trajeran a Sevilla y unos días mas tarde la tenía aquí. Arrancó a la primera y lo primero que hice fue llevársela a Rafael para cambiarle la titularidad. Seguidamente me fui a un lavadero de coches a quitarle parte de la mugre que tenía encima y me dejé no uno, sino dos euros en una lanza de esas a presión, con lo que conseguí quitar mucha porquería pero también conseguí...mojar la bobina, que estaba rajada longitudinalmente por un par de sitios (es una de las grises, que tenían ese defecto, para el que le interese). Después de pegarme unos seis kilómetros empujando hasta mi casa, desmonté la bobina y la sequé con un secador de pelo y tapé un poco las grietas con Plastidip, con lo que la moto volvió a arrancar y la ha estado usando mi hijo durante estos días sin problemas. Hasta el sábado, que para el que no lo recuerde, llovió bastante. Yo había salido de Sevilla con la R100GS a eso de las nueve y cuarto de la mañana con relativo buen tiempo pero viendo en el horizonte que el sureste estaba bien oscuro y amenazando lluvia. Todavía no estaba bien del todo, me encontraba algo débil (había perdido seis kilos en seis días) y de lo que menos ganas tenía era de problemas; solo quería llegar a Ronda, hacer un par de cosas, cambiar de moto y volverme a descansar. Pero se ve que no era eso lo que el destino me tenía guardado. La moto no iba del todo bien; le cuesta subir de vueltas, vamos que no sube, y no me extrañaría que tuviese una membrana rota. En El Coronil empezó a llover, primero poco, después mucho y después muchísimo, tanto que parecía que quería descargar todo lo que no había llovido en el año. No me creía que hubiera podido pasar Cuatro Mojones con la que estaba cayendo y la bobina como estaba; bajé La Nava y al empezar a subir hacia Algodonales, lo que estaba esperando hacía tiempo que pasase: fallo eléctrico y moto parada. Dilema: ¿me quedo aquí abajo con la que esta cayendo a esperar una grúa que puede tardar más de una hora, o me subo los dos kilómetros y medio que quedan hasta la gasolinera empujando y la espero allí? Como soy optimista decido empujar. Y ahí empecé a notar la debilidad: el primer tirón de casi cien metros, los sucesivos progresivamente decrecientes ¡No son largos dos kilómetros y medio cuesta arriba empujando doscientos y pico kilos...! Por fin, llegué, me metí en la Venta El Tikutin y me tomé un par de zumos de piña antes de llamar a la grúa para recuperar el resuello. El agua me había calado todo, pero gracias a Dios la temperatura no era baja y solo incomodaba el chapotear dentro de las botas y el notarse húmedo por todo el interior. Llamé a la grúa que me puso alguna que otra pega (mutua Madrileña), pero al final conseguí que me llevasen a Ronda. A todo esto, no dejaba de llover. Bajamos la moto y tras firmar el parte me quedé con mis motos. No tenía muchas ganas de hacer nada, mas bien no tenía ningunas ganas, pero con la que estaba cayendo no me apetecía volver a ponerme en camino, además de que la amenaza de la bobina mojada la tenía revoloteando encima de la cabeza ¿quien me dice a  mí que la R65, que es la que me iba a llevar de vueltas, no va a tener el mismo problema? 
En esas estaba cuando para pasar el tiempo me puse a hacer algunas cosas. Para empezar, tenía la R80ST encima de la mesa, a medio acabar. Me quedaba por hacerle la puesta a punto del encendido y montarle un radiador de aceite que he ido coleccionando pacientemente, pieza a pieza, en ebay durante algo mas de un año, y que por fin tengo completo.
Lo primero es lo primero: la puesta a punto: bujías fuera y control de la separación de los electrodos a seis décimas de milímetro; cárter del alternador fuera,


colocación del plato de inercia con la S apuntando al punto medio de la ventana de puesta a punto,


extracción del enchufe del CDI,


y colocación del Hall tester.


Aflojamos los dos tornillos del bote del encendido


y lo giramos hasta que la luz del tester se enciende.


Ajuste realizado. Apretamos los dos tornillos del bote del encendido, cerramos el cárter del alternador y nos vamos con la música a otra parte.
Le toca el turno al radiador de aceite. Coloco el soporte en el bastidor.


Y el radiador en el soporte.


Retiro la tapa del filtro de aceite quitando previamente los tres tornillos que la sujetan.


y saco el filtro de aceite, viendo al fondo un tornillo que hay que sustituir:



Busco una herramienta adecuada


y en un momento tengo fuera el tornillo (el corto es el que he extraído y el largo el que lo va a sustituir.



Y en otro momento está puesto el tornillo largo en su sitio.


Ahora queda poner el filtro. Aun le quedan mil kilómetros para el cambio de aceite y filtro, de ahí que estuviera demorando esta operación hasta entonces, pero no he podido más y me he decidido. Lo que hago es rellenar el cárter para compensar las pocas pérdidas que ha habido y el volumen del filtro y dentro de mil kilómetros cambiaré el aceite solamente, ya que el filtro lo pongo nuevo.
El filtro, lógicamente, ahora es para motos con radiador de aceite.


Metemos el cartucho con la punta que tiene una goma sobresaliente hacia el fondo



A la tapa del filtro le colocamos la junta de perfil cuadrado


y al filtro le ponemos en primer lugar la arandela metálica, que servirá para aprisionar entre ella y la tapa la junta tórica blanca,


y, seguidamente, la junta tórica blanca.


Se embadurna bien de aceite la junta de cartón y se coloca en la tapa del filtro.


Ya solo queda apretar los tres tornillos a 10 Nm. Por cierto, el trasero tiene pasada la rosca. Cuando cambie el aceite le pondré un helicoil.


Ahora se ponen dos arandelas de aluminio a ambos lados de los conductos del aceite y se pasa un tornillo hueco por cada uno de ellos.


Estos tornillos se ajustan a la tapa con un par de 20 Nm.


Y acabado esto, rellené el cárter con 350 cc de aceite, arranqué el motor y comprobé nuevamente el nivel a los cinco minutos, sin tener que añadir más. Bajé la moto y subí la R100GS, que hace su presentación un poco mojada.


Está bastante regularcita de todo, pero con unos mimos me imagino que volverá a lucir como le corresponde.
La R65 estaba esperando el más mínimo aclaramiento del tiempo para salir pitando para Sevilla, pero aquello no paraba,


así que me puse a desmontar un poco la R100GS. Quité el silenciador, que, por cierto, no me gusta nada, y me puse a limpiarlo.




También estuve inspeccionando un poco por encima la moto para hacerme una idea de la tarea que me queda.







Que sí, que queda tarea por delante, pero como dice mi amigo Manolo, vengan ratas que aquí está el que las mata.
El tiempo no aflojaba y, aburrido, decidí irme. En mala hora, porque justo hasta Algodonales, un poco antes de donde me había dejado tirado la R100GS por la mañana, me cayó la mundial. No veía nada, de la tromba de agua, pero tampoco había ningún sitio donde guarecerse, así que solo quedaba apechugar. El miedo que tenía, sobre todo era porque la R65 me fuera a hacer lo mismo que su hermana mayor: una mojada del sistema eléctrico y nuevamente tirado. Afortunadamente mis motos suelen estar bien preparadas para el agua y no pasó nada. Desde Algodonales a Sevilla ni una gota, pero no llegué seco ni mucho menos, que llevaba agua encima como para rellenar un pantano. Afortunadamente no hacía frio, que si no, la tiritera todavía seguiría hoy, tres días después.
Y ahí quedó la cosa. La semana que viene empezaré a desmontar la R100GS. Estoy pensando ponerla blanca con los tres colores de BMW y el chasis rojo, pero eso está todavía en pañales. Primero desmontar, anotar todo lo que le hace falta y después ya iremos pensando en estilismo.